La forma más sencilla de dividir la compra entre compañeros de piso es decidir, antes de la primera compra, qué productos son comunes y cuáles personales, y después elegir uno de tres sistemas de pago y mantenerlo. Casi todas las discusiones en un piso compartido no vienen del dinero, sino de normas que nunca se escribieron. Una lista corta de cosas comunes, una sola forma de pagar y un único sitio donde vive la lista de la compra resuelven casi todas.

¿Qué productos conviene compartir entre compañeros de piso?

Se comparte lo que todos usan en cantidades parecidas y lo que sería absurdo tener por triplicado. Una lista común típica incluye papel higiénico, papel de cocina, lavavajillas a mano, detergente para la ropa, productos de limpieza, bolsas de basura, sal, azúcar, aceite, vinagre y especias básicas. Algunos pisos añaden café, leche y pan, pero solo si todos los consumen. Lo demás, la comida que cocina cada uno, los aperitivos, las bebidas, la higiene personal, es personal.

Escribid la lista común el primer día. Quince productos se pactan en cinco minutos y ahorran meses de "pero si yo nunca uso suavizante".

¿Qué formas hay de repartir los gastos de la compra?

Funcionan tres sistemas, cada uno con un equilibrio distinto entre justicia y esfuerzo:

  • Un bote común: cada uno pone al mes la misma cantidad fija, por ejemplo 15 euros por persona, y de ahí se compran las cosas comunes. Es el más fácil de llevar y funciona bien cuando el consumo es parecido.
  • Turnos: cada semana una persona distinta compra lo común y paga. A lo largo del mes se equilibra. Funciona en pisos pequeños con hábitos estables.
  • Tickets repartidos: quien compra algo común guarda el ticket o apunta el precio, y a fin de mes se divide el total. Es el más justo y el que más disciplina exige.

Elijáis el sistema que elijáis, haced cuentas un día fijo, por ejemplo el uno de cada mes. Las pequeñas deudas que se quedan abiertas son las que acaban en rencor.

¿Cómo se evita comprar dos veces lo mismo?

Las compras repetidas ocurren cuando dos personas ven el mismo hueco y las dos actúan. La solución es una única lista de la compra compartida que todos ven en el móvil. Quien acaba algo lo apunta en el momento, quien lo compra lo marca, y desaparece para todos. La nota en la nevera aquí no sirve: los compañeros de piso tienen horarios distintos y casi nunca coinciden en la cocina.

¿Cómo se lleva la cuenta de quién compró qué?

La memoria es una mala contable. A las dos semanas nadie recuerda quién compró el último detergente. Una lista que registra cada compra con nombre y fecha convierte el fin de mes en una lectura, no en una discusión. Si repartís tickets, apuntar el precio junto al producto al comprarlo os ahorra guardar papeles.

¿Y la comida personal en la nevera común?

Dad a cada persona una balda en la nevera y otra en la despensa. Parece rígido, pero elimina la fuente de roces más habitual: alguien que se come por error el yogur de otro. Lo común va en una balda aparte. Si a veces cocináis juntos, tratad esas cenas como un pequeño evento: uno compra y los demás pagan su parte esa misma noche.

¿Qué hacer con un compañero que nunca compra nada?

Hablad de hechos, no de carácter. "En el último mes has comprado dos de las doce cosas comunes" es una conversación; "tú nunca compras nada" es una pelea. Aquí el historial compartido es lo que más ayuda, porque muestra la situación sin que nadie tenga que llevar la cuenta. Muchas veces la causa es simplemente que esa persona no sabía que algo se había acabado.

¿Cuál es la mejor organización para un piso compartido?

Una lista escrita de productos comunes, un solo sistema de pago con un día fijo para las cuentas y dos listas de la compra: una compartida con todo el piso para lo común y otra privada para tu comida. Paniere permite hacer exactamente esto en iPhone, con la lista del piso, una lista personal, precios visibles para cada miembro y el historial de quién compró qué. Mira cómo funciona para la compra entre compañeros de piso.